Luis Manuel Rubiales

Carlos Ayats / Director de SINTREGUA.ES

El movimiento se demuestra andando, y las expectativas son peligrosas. Por ello, con sinceridad, creo que la cautela es la mejor decisión ante el terremoto que ha supuesto la llegada de Luis Manuel Rubiales a la presidencia de la RFEF.

Conocí a Rubi en verano de 2003, y durante las 5 temporadas que permaneció en el Levante mantuve una relación, por momentos, diría incluso de amistad con él. Es, sin duda, una persona excelentemente preparada para llevar a cabo el cambio que pretende. Además, es constante, tenaz, y no se arruga ante nada.

En el polo negativo (aunque habrá quien lo vea como una virtud), creo que posee una ambición excesiva, capaz por momentos de generar en él una agresividad que públicamente esconde tras su habitual sonrisa.

Habilidoso en la estrategia, tuve claro desde el momento que dio el paso de presentarse que jamás se hubiera arriesgado sin tener claro que sus opciones de victoria superaban a las contrarias. Ahora, le toca estar a la altura.

Cierto es que entre una estructura caciquil y una profesional, las mejoras no deben tardar en percibirse, pero el reto que tiene ante sí no es sencillo. Su victoria se ha apoyado, en parte, en gente habituada al intercambio de favores, y que por tanto ahora los espera de vuelta.

Para lograr la transformación real a la que aspira, Rubiales deberá manejar con tacto los cambios, cortando de raíz lo clave, pero no abusando del cuchillo. Inicialmente, la sensación es que está bien rodeado, pero que no se engañe. Larrea era una víctima propiciatoria, un rival sin carisma y con muy poco recorrido. También ahí, cierto es, Rubi ha sabido elegir el momento.

Desde el prisma levantinista, no debe ser malo que el presidente de la RFEF profese afecto público a nuestros colores, pero que nadie espere ningún favor extraordinario. Eso sí, el reconocimiento de la oficialidad de la Copa de la República gana muchos enteros. Como guiño y por su, al menos teórica, tendencia izquierdista.

Más allá de eso, insisto, vamos a ver cómo saca adelante la revolución en un contexto de guerra fría con la Liga de Tebas. Inteligencia política no le falta. Mi duda está en saber si será capaz de actuar con algo que necesita, y no tengo claro que tenga: temple.

Mucha suerte, Rubi. Ojalá, dentro de unos años, podamos decir que conseguiste cambiar, para bien, el fútbol español. Buena falta nos hace.