Oier: "El Levante era mi último tren a Primera División, y lo cogí"

Oier: "El Levante era mi último tren a Primera División, y lo cogí"

El pasado 19 de noviembre, Oier Olazábal Paredes (Irún, 14-9-1989) se despertó en su habitación del NH Imperial Playa de Las Palmas dispuesto a vivir un día más esperando su oportunidad. Nada hacía presagiar que, pocas horas después, Muñiz lo llamaría para decirle: «Hemos decidido que va haber un cambio en la portería…».

Hoy, una vuelta completa después, el meta que acarició la gloria de la portería del Barça durante 7 temporadas, el portero que por momentos pensó la élite se le escapaba entre las manos, vive el mejor momento de su trayectoria deportiva. Ha encontrado su sitio, el Levante UD, un club en el que cada día adquiere mayor rango, sobre el césped y fuera de él. Tan amable en el trato como tenaz en su trabajo diario, la vida sonríe al fin a aquel portero al que un tal Guardiola, en su primer año como entrenador, eligió como titular…

CARLOS AYATS / LA ENTREVISTA

-Tengo la sensación de que usted, ahora mismo, es una persona feliz, ¿es así?

-Sí, totalmente. Aparte del plano personal, en el que hace ya un par de años estoy muy contento, en cuanto a mi pareja, mis padres… Creo que me obsesioné demasiado con el fútbol y, en cuanto empecé a tranquilizarme y a pensar en otras cosas, me llegó la oportunidad donde mejor me está yendo a nivel deportivo. Al final se junta todo. Está claro que al jugar sientes recompensado el trabajo realizado durante muchísimos años. Y luego, me encuentro muy bien en el plano personal, en el club también… Valoro mucho estar en un grupo bueno, donde todo el mundo suma, donde hay muy buen ambiente. Para todo el mundo, disfrutar de su trabajo es fundamental.

-Parece encontrarse en el mejor momento de su carrera, y no deja de ser curioso que un portero que ha estado 7 años en el Barça, encuentre eso en un club humilde como el Levante…

-Sí, pero al final se juntan muchas cosas. Porteros en Primera División que sean jóvenes y jueguen con regularidad, al final, hay muy pocos… Casillas en su día, De Gea, Kepa en el Athletic, Valdés… Pero a los demás, en general, nos cuesta muchísimo. Podemos preguntarles a todos los porteros que están ahora mismo en Primera y Segunda y nos van a decir que las han pasado canutas para poder tener regularidad. Al final, hay muchísima competencia, en España sobre todo. Creo que es uno de los países más fuertes en cuanto a la portería, y cuesta mucho. En el Barcelona estuve cerca. Estuve en el primer equipo, formando parte de la primera plantilla, pero al final no me llegaba esa oportunidad en la que yo confiaba para demostrar que sí podía estar ahí, y bueno, te vas a Granada, que no es un club estable, luego a Real, donde tampoco juegas, vuelves a Granada, sale mal… Se juntan muchas cosas, y cuando estás en muchos sitios y no juegas, empiezas a dudar un poco y apareció el Levante, que me dio lo que buscaba, lo que yo quería, un club estable donde sentirme útil. Y no hablo solo de jugar, sino también de sentirme bien en el aspecto personal. Una ciudad buena, un club tranquilo, donde el presidente y los directivos te hacen sentir bien. Y luego estoy jugando en Primera, con regularidad… Es un poco todo.

-Lo que es increíble es cómo han cambiado las cosas en 6 meses, ¿no?. Porque la visión que teníamos externamente era bueno, ahí está Oier, de tercer portero, igual tiene que salir en invierno… Y ahora, titular indiscutible y perfectamente asentado.

-Sí, lo que pasa es que al final, de lo que se piensa fuera a lo que hay dentro hay mucha diferencia. Nos guiamos mucho por el juega o no juega, pero yo me encontraba bien, estaba entrenando bien, compitiendo con Raúl… Sabía que con la temporada que había hecho en Segunda División iba a ser complicado, pero bueno, con la llegada de Mitch también aguanté. Era el último día de mercado y dije, bueno, voy a intentarlo. Es cierto que alguna jornada tuve molestias y me dejó el míster fuera, pero volví a entrar y confiaba en que, si el míster decidía cambiar, yo tenía que ser esa alternativa. Y así fue. Me puso en Copa en Girona y salió bien, luego tuvo la valentía de ponerme en Las Palmas y salió otra vez bien… Son mil factores, pero yo confiaba en mí. Siempre lo hablaba con Toni Mengual, el entrenador de porteros, que para mí ha sido una persona fundamental, porque me ha hecho ver la portería de otro modo. Creo que físicamente me puso a un tono muy bueno y se juntó todo. 28 años, más tranquilo, aspecto personal más relajado. Te tomas el fútbol con la misma intensidad, pero no con ese agobio con el que yo me lo tomaba ante, y mira, en 6 meses, de la grada a ser titular. La verdad es que me siento importante, que la gente confía en mí, y eso es fundamental.

-Ese último día de mercado, con la llegada de Langerak, ¿recibió alguna llamada del club proponiéndole buscar una salida?

-No, al principio del verano si le comentamos al club que cómo lo veía y en todo momento me dijeron que se contaba conmigo, que el míster contaba conmigo y que quería que estuviera ahí. Tuve la posibilidad de ir a otro club de Primera División, pero me dijeron que tuviese paciencia. Es cierto que me comentaron que estaban buscando a otro portero, pero que el míster quería tres porteros. Es cierto que eso a mí me generó dudas, porque al final, si el club confiaba en Raúl y en mí, pensaba que era suficiente. Por eso tuve mis dudas y, al principio, estuvimos buscando. Había mucho en Segunda División, pero luego los equipos fueron poco a poco haciendo sus plantillas y me encontré con que, el último día, viene Mitch y claro, para ir a última hora a un sitio donde no tuviera claro que iban a apostar por mí. Lo que me quedaba era apretar, sabía que estaba bien y que podía llegar mi oportunidad, aún estando Mitch, y al final llegó.

-Y esa oportunidad llegó en Las Palmas. ¿Había notado algo especial esa semana?, ¿lo veía venir o fue una sorpresa?

-No, no, fue una sorpresa absoluta. Recuerdo que estábamos en el hotel, a media mañana, teníamos que bajar a hacer la activación. Estaba en la terraza, tranquilamente, y pensaba, bueno, un día más. Lo normal era que jugase Raúl. No pasaba por mi cabeza que fuera a haber un cambio. Yo me encontraba bien, pero creía que no iba a ser ese día. Bajamos a la activación, y antes teníamos charla. Y fue ahí, justo antes de la charla, cuando me coge Muñiz y me dice que había hablado con Raúl antes y que había tomado la decisión de cambiar en la portería. Fue ese momento en el que me enteré.

-¿Cómo es esa conversación?

-(ríe) Yo le digo que vale, que de acuerdo. Él me dijo que estuviese tranquilo, que el día de Copa lo había hecho muy bien, que intentase transmitir la tranquilidad que transmito normalmente, que trabajase salida de balón, que intentásemos tenerlo y… bueno, no hubo nada más.

-Imagino que sería un momento de mucha presión, ¿o viniendo de donde venía, ya con 28 años, se ve de otra manera?

-Nervios siempre tienes en todos los partidos, presión. Tienes que canalizar eso de alguna manera. Tal vez la edad, la experiencia hace que no te lo tomes como algo a vida o muerte. Pensé ‘bueno, tengo la oportunidad, estoy bien’ y luego el partido te lleva. Hay muchas circunstancias que no puedes controlar. Al final, que un balón vaya más a la izquierda o más cerca de ti… Hay momentos que no los controlas, pero tu parte, por lo menos, sabes que estás bien, mentalizado… Presión es evidente que había, porque nos jugábamos mucho ese día en Las Palmas, pero bueno, salió bien, y a partir de ahí, tuve la continuidad que quería.

-Cambiemos de tiempo. Vayamos al origen. Quiero preguntarle, ¿portero, por qué?

-(ríe de nuevo) Bueno, yo empecé jugando en Francia, estudiaba allí de pequeño, tengo la nacionalidad francesa también. Jugaba en un equipo en Hendaya, y mi padre siempre me cuenta que allí ponían las camisetas y la gente cogía la que quería y yo siempre me peleaba… bueno, que normalmente no había nadie que la quisiese… por la del portero. La cogía rápidamente y me la ponía. No sé decir por qué. Mi padre sí que me dice que nos puso un día a mi hermano y a mí delante de un balón, nos tiró y a mí me pegó en la cara y mi hermano se apartó. Entonces (sonríe) dijo bueno, lo normal es que este que no aparta la cara sea el portero, y así fue. Siempre he tenido esa ilusión de ser portero. No he tenido esa duda de otros que empiezan jugando de jugador. Yo, desde que empecé a los 7 años, portero.

-Perdone, ¿me ha dicho que es francés?, ¿que tiene doble nacionalidad? Primera noticia…

-Sí, sí. Mis abuelos eran franceses, mi madre también y es hereditario. Si yo tuviese hijos, también tendrían la nacionalidad francesa.

-Y de Hendaya, al Real Unión.

-Sí, me ficha en infantiles, de la mano de Luis Llopis, que estuvo también aquí en el Levante y ahora está en el Real Madrid. Por un convenio entre clubes. En esa época, el Real Unión tenía buenos equipos en categorías inferiores, competíamos contra la Real Sociedad, el Athletic de Bilbao, y fue ascendiendo, cadete, juvenil de división de honor… Entonces me llamaron de la selección de Euskadi, empecé a destacar un poco… Era joven y jugaba en división de honor, era raro… Y empecé a tener ofertas de la Real, el Athletic, el Real Madrid también el año antes de ir al Barcelona…

-¿Y por qué el Barcelona y no el Madrid?

-Lo del Madrid fue el año anterior, hubo cambios en el club… Y al año siguiente ya iba a cumplir 17 años, creí que era el momento de dar un salto. Quise evitar salir antes porque estaba bien, jugaba siempre. Al final, era un club pequeño y me llegaban mucho, por lo que aprendí bastante. No quise salir precipitadamente por eso. Pero un día me comentó Vicente Biurrun (su ex representante, además de ex guardameta de Primera División con Real Sociedad, Athletic, Espanyol y Osasuna en los 80 y 90) que habían venido ojeadores del Barça. Primero el de la zona, luego Carles Busquets y por último, Juan Carlos Unzúe, que después de ver un partido se acercó a hablar con mis padres y a conocerme un poco a mí, y de ahí comenzaron a negociar. No sabían si me iban a fichar para el juvenil o el Barça B, que acabó descendiendo. Entonces, me firmaron para el filial, para jugar en Tercera División. Hice la pretemporada con el primer equipo y el cambio fue bestial.

-De hecho, en septiembre de 2007, nada más llegar, va convocado a un partido de Champions contra el Lyon junto a Ronaldinho, Messi, Touré Yayá, Henry, Deco…

-En ese momento, no te das cuenta de dónde estás. Es tu día a día, sabes que tienes que entrenar. Todo el mundo te escribe diciendo ‘joder, tío’, pero te sientes como uno más. Son gente muy normal. Aunque es cierto que el paso fue muy grande. El primer año me costó bastante, aunque estaba Guardiola en el filial y lo jugué todo con él. Fue un buen año en lo deportivo, pero al final eres muy joven, es tu primer año fuera de casa y cuesta un poquito. Luego ya te acostumbras, haces amigos allí, creces a nivel personal y te lo tomas ya como un trabajo profesional.

-¿Qué balance hace de sus 7 años allí?

-Positivo al 100%. Estuve con Guardiola en su primer año como entrenador, y después ha hecho lo que ha hecho hasta estar considerado uno de los mejores del mundo, que para mí, de los que he tenido, sin duda es el mejor. Tuve la suerte de llegar a un Barcelona que creo que, los 7 años que estuve allí, han sido de los mejores de su historia. Aprendí mucho. También a jugar con los pies, de su estilo de posesión, de toque… Tuve la oportunidad de entrenar con Ibrahimovic, Ronaldinho, Messi… En ese momento no te das cuenta, y es cuando te vas cuando piensas ‘dónde he estado, con los mejores del mundo’. He estado en el mejor equipo del mundo y muy cerca de poder estar ahí mucho más tiempo. No tuve la oportunidad ese último año, y me quedé con mal sabor de boca porque me veía bien, preparado. Es cierto que era difícil, porque ficharon a Ter Stegen y a Bravo, y al final tuve que salir.

-¿Y qué tal con Valdés? Muchos le consideraron su posible heredero en su momento. Y ahora, tras su lesión, su historia de cómo se sintió solo en Alemania mientras se recuperaba, su voluntaria desaparición de la esfera pública… Usted que vivió muchos años con él, ¿cómo lo ha visto?

-Personalmente, con Víctor muy bien. Es cierto que luego no hemos mantenido la relación, pero siempre que estaba con él, la relación era muy buena. Era un tío especial, muy gracioso, currante. Para mí ha sido el mejor portero de la historia del Barça. Por momentos, estuvo al nivel del mejor del mundo. Yo creo que al final, estuvo muchos años en la portería del Barça, y es un sitio muy difícil. En la época de Guardiola todo fue bien, pero sus primeros 5-6 años tuvo que aguantar una presión muy fuerte. Él era además muy autocrítico. Recuerdo la entrevista que hizo al salir, diciendo que no disfrutaba. Es lo que comentábamos antes de la edad. Todo el mundo falla, pero cuando eres joven, te cuesta mucho asumirlo, y en el Barcelona aún más. Creo que se comió demasiada presión, suya, del club, y le ha castigado mucho. Luego tuvo la mala suerte de la lesión… Yo nunca estuve a ese nivel, pero cuando estás ahí, vives en una burbuja y salir de ella puede suponer un shock muy fuerte.

-Contras al margen, que como comentamos, los hay, pero, ¿es consciente el futbolista de ser un privilegiado social?

-Yo creo que va con cada uno. Por un lado, están Barça y Madrid, que son otro nivel. Y luego, es cierto que somos privilegiados, pero también hay inconvenientes, gente que se quiere aprovechar… Tampoco lo tenemos tan sencillo como la gente piensa. La educación es fundamental, lo que te enseñan tus padres. Yo, sinceramente, en el Levante disfruto mucho, las cenas con las peñas… Al final, somos personas normales. Y a veces, nuestra vida es un poco monótona. Entrenas, descansas, entrenas, descansas… Hay cosas que tienes que limitarte si quieres rendir al máximo nivel. Depende todo de cómo te tomes tu trabajo y de tu educación. Es verdad que, he estado en otros equipos donde hay gente que, no estando en el Barça o el Madrid, se cree que sí y tal. Aquí, lo bueno que tenemos es que, en el día a día, todo el mundo es genial. Se transmite una tranquilidad, una normalidad que tú mismo ves en los viajes.

-Ha hablado de vestuarios complicados, ¿fue Granada una mala elección a la hora de salir del Barça? Caparrós puso primero a Dimitrievski y luego, aunque jugó con Abel hasta el Bernabéu…

-Caparrós pone a Dimitrievski y luego me pone a mí unas jornadas antes de que lo destituyan. Bueno, pone a Roberto, y después a mí. Luego llega Abel y sí que juego todo hasta el 9-1 del Bernabéu. Es uno de los momentos de mi carrera en los que no estoy de acuerdo con la decisión que tomé. Me quedaba un año más de contrato en el Barça y tal vez podía haber esperado un poco más. Pero bueno, era Primera División, me ofrecían 4 años  de contrato… Pero tampoco supe bien lo que había allí. Cuando llegué, el club lo dominaba Gino Pozzo, lo gestionaba Quique Pina… No fue la mejor decisión. Es verdad que jugué 14 partidos de Liga que me sirvieron para que la gente empezase a ver cómo podía competir en Primera, pero quizás en ese momento debería haber elegido otra cosa. Luego probé en la Real, para ver si me podían fichar. Tampoco pasó, volví… La verdad es que, de las decisiones que he tomado, ir a Granada no fue la mejor.

-Y llega la oportunidad de firmar por el Levante, en un movimiento que, en aquel momento, no se entiende muy bien aquí.

-Yo vuelvo a Granada pensando que Jémez tiene una manera de jugar que me puede venir bien, pero llego allí y fichan a Ochoa. La racha del equipo era mala y cuando ya veo que es imposible que pueda jugar, aparece la figura de Carmelo del Pozo, que fue realmente quien apostó por mí. Contactó con mi representante y estuvimos meses valorando la posibilidad. Al principio no sabía si esperar a verano, pero me jugaba que igual luego todo cambiase. Lo que estaba claro es que tenía que salir de allí. Hablé con el director deportivo en Navidad y, por lo que pude entender, solo iba a jugar en caso de que se lesionase Ochoa. Y dije bueno, hay que hacer todo lo que se pueda por salir, y por salir bien, tampoco podía irme a cualquier sitio. Y el Levante era la oportunidad, aunque tenía claro que no iba a ser fácil y que seguramente no empezaría jugando, porque Raúl estaba jugando muy bien y el equipo líder con muchos puntos de ventaja. Pero bueno, para mí era el último tren para estar en Primera División, porqur si seguía sin jugar, lo normal era que tuviese que bajar a Segunda. Y lo cogí. Creo que fue una apuesta inteligente. En ese momento, el Athletic necesitaba a Remiro de vuelta y, a raíz de ahí se acelera la negociación, porque lo que habíamos hablado era más de cara a junio. Al final, antes de lo previsto, me ha llegado la oportunidad y he jugado muchos partidos. Y creo que a buen nivel.

-¿Se considera en deuda con Carmelo?, ¿o incluso con Muñiz?

-En deuda no. Creo que es un premio al trabajo de muchos años, pero al final necesitas a alguien que apueste por ti. Lo hizo Luis Llopis en varios momentos, porque también fue él quien me llevó a Granada, y Carmelo que me conocía de la época del Barcelona. También es cierto que Muñiz tuvo el valor de ponerme cuando podía haber seguido contando con Raúl perfectamente, porque no lo estaba haciendo mal. Pero también me lo gané.

-¿Por qué ha sido tan frío el adiós de Muñiz?

-(silencio largo) Bueno, yo he tenido la oportunidad de hablar con Toni Mengual, el entrenador de porteros, y creo que al final, Muñiz no ha querido molestar en el sentido de que, ya habiendo empezado con Paco, venir a despedirse. No ha querido generar una situación incómoda. Ya sabemos todos como es, siempre apartado, nunca ha querido los focos. Va un poco con él. Creo que lo ha hecho por el bien del grupo. Su segundo nos llamó uno a uno, pero creo que no quería molestar, con el tema de los medios y de cara a Paco, porque la semana que teníamos además era corta para preparar el partido de Getafe.

-Pero ni una muestra de cariño en redes, ni en la nota del club a un técnico que logró lo que logró el año pasado… Es verdad que él no especialmente sociable, pero…

-Asturiano, es asturiano… (bromea). Sí, te entiendo. Pero al final yo creo que estábamos todos muy desgastados, y él también. Ya no sé ni cuántas semanas llevábamos sin ganar. Creo que el míster intentaba evitar la monotonía, pero al final no se ganaba y corríamos el riesgo de sufrir lo que me pasó en Granada, que al final no ganábamos y daba igual. Y eso no puede ser. Creo que se han juntado muchas cosas. Se enfrió todo, en general, la afición, nosotros, el míster. La tristeza se convirtió en rutina y por eso como que todos nos hemos querido apartar un poco. Ha sido un año mentalmente difícil. Y ahora, encima, viene Paco y ganas, y quieres hacer desaparecer todo lo que ha habido antes.

-¿Infravaloró Muñiz a la plantilla?, ¿creyó menos en ella de lo que cree Paco López? Se lo digo porque tal vez ese fuera el origen de su sobreprotección defensiva.

-Creo que lo más complicado para los entrenadores es transmitir al grupo y, en ese sentido, Paco… Pero de todos modos, son dos entrenadores distintos, y con Muñiz el equipo era rocoso y también tuvo momentos en que salíamos al ataque como aviones o éramos muy superiores en cuanto al físico. Creo que los fichajes de Muñiz, en verano, fueron más en busca de jugadores de ese perfil. Se prescindió de Espinosa, de Verza, también de Casadesús que podíamos igual haberlo tenido este año… A Muñiz le gustaban equipos mucho más físicos y menos técnicos. De ahí que, como dices, no creía tanto como Paco en el aspecto técnico, y sí más en el físico. Son maneras distintas de jugar, pero por ejemplo lo que hizo Muñiz así en Segunda fue espectacular. Pero cuando se complicaron las cosas, las lesiones, nos fuimos haciendo pequeños… Ahora, con Paco, con más alegría, están llegando los resultados. Juegas con dos bandas y dos puntas, pero bueno, no es tanto el sistema como la manera de jugar. Y yo veo al equipo mucho más suelto.

-Lo fue en el Barça B, y aunque aquí no es uno de los capitanes, mi sensación es que dentro del vestuario ejerce más de lo que parece. Se lo digo por detalles como el que me parece que tuvo en el descanso de Anoeta con Pazzini y sus gestos constantes de desaprobación hacia los compañeros…

-Bueno, ser capitán no es sencillo, y aquí tenemos a Pedro, a Morales, a Roger… que lo hacen muy bien. Yo lo que pasa es que me guió mucho por gestos, actitudes… Me parece que hay un grupo genial y hubo una serie de partidos en los que, a veces… Lo que odio en un campo de fútbol es cuando un compañero te levanta las manos, haciendo gestos… Luego, en el vestuario puedes ir y decir lo que quieras tranquilamente, pero de cara al exterior, que la gente vea que evidencias que un compañero ha hecho un pase malo, es algo que no me gusta. No es un bueno para el grupo y lo viví en Granada, donde al final todo el mundo levantaba las manos y nadie corría… Por eso, encima en un momento que estábamos pasándolo mal, y en Anoeta, donde no lo estábamos haciendo nada bien, sufriendo, encima tener que aguantar… Está claro que no es bueno.

-El mejor entrenador que ha tenido dice que Guardiola, ¿no?

-Sí, sin duda. Transmitía, a nivel táctico es un monstruo… Hay muchos entrenadores que te corrigen tras ver los partidos en vídeo, y eso yo también soy capaz de hacerlo. Al final, lo difícil es estar en el campo y verlo desde abajo, darte cuenta de lo que está pasando y rectificar en el descanso. Para eso, era el mejor. Llegaba al descanso, sacaba su pizarra, hacía 4 cosas, corregías lo que te decía y el equipo mejoraba y ganaba. Y a nivel de transmitir, cada uno es distinto, no puedes hablar a todos igual. Y él se daba cuenta de cómo era cada uno y cómo podía sacarle el máximo rendimiento, que es lo más difícil de ser entrenador. Él, a nivel psicológico, era espectacular.

-¿Y el mejor futbolista con el que ha jugado?

-Messi, sin duda. Muy superior a todos. Velocidad, definición, lectura de juego… ¿Qué vamos a decir de él? Es que es muy superior, y en el Barça he estado con Xavi, con Iniesta, con Henry, con Deco, con Ibrahimovic… Pero ser tan superior a esos jugadores es que dices, vamos, no puede ser. Es el mejor. Eso sí, a mí el que más me sorprendió fue Ibrahimovic, porque pegaba unos… remates a puerta de verdad increíbles. La fuerza que tenía, el animal…

-Ayer, con el golazo de chilena de Cristiano, llegó de nuevo la comparación con Messi, ¿la entiende o Cristiano podría entrar en ese grupo de los Iniesta, Xavi, Ibra… que son fenómenos pero no al nivel de Messi?

-Hombre, al final le tienen que buscar rivales para que no esté todo el mundo de acuerdo en que es el mejor. Como jugador, Messi es el mejor de la historia. Ahora bien, como goleador, posiblemente el mejor del mundo sea Cristiano. Hay que ver lo que estamos valorando. Pero como jugador, no hay ninguna duda de que Messi es el mejor de la historia. Es que lo pones de lateral izquierdo y es capaz de ser el mejor.

-Para acabar, volviendo al Planeta Levante, ¿estamos demasiado tranquilos antes de un partido tan trascendental como el del domingo?

-Sí, quizás… El míster, en el grupo, lo que quiere es transmitir todo lo contrario, porque aunque hemos dado un grandísimo paso, quedan muchos puntos en juego y las últimas jornadas van a ser claves. Puede que haya equipos que no se estén jugando mucho… o sí, dependerá igual de la lucha por la séptima plaza. No nos podemos relajar. El partido del domingo es vital. Si jugamos como el día del Girona, seguro que sacamos puntos, pero relajación ninguna. No podemos empezar a pensar que está hecho, porque no lo está.

-La última, su futuro. Le queda un año más de contrato, ¿cuál es su idea?

-Yo aquí estoy encantado. He conseguido estar en un sitio donde estoy tranquilo, me encuentro bien, útil, estoy participando… Está claro que tengo un contrato de Segunda División y me queda un año más solo, por lo que lógicamente, cuando acabe la temporada habrá que sentarse a hablar y ver qué idea tiene el club, pero lo primero es salvar al equipo. Y hasta ese momento, hay que estar centrado exclusivamente en ello. Con todo, vamos, yo si pudiese quedarme muchos años más aquí, me quedaría, seguro.

-Sería buena señal, así que ojalá así sea. Muchas gracias por su tiempo.

-De nada. Muchas gracias a ti.

 

Imagen: Instagram oficial de Oier Olazábal