Más grandes que el campeón (5-4)

Más grandes que el campeón (5-4)

LEVANTE UD (5): Oier; Coke, Postigo, Róber, Luna; Morales (Rochina 85′), Lukic, Campaña, Bardhi; Boateng (Pazzini 76′) y Roger (Lerma 68′).

FC BARCELONA (4): Ter Stegen; Semedo, Vermaelen (Piqué 31′) , Yerry Mina, Jordi Alba; Iniesta (Denis 60′), Busquets, Rakitic; Dembelé (Paco Alcácer 60′), Coutinho y Luis Suárez.

ESTADIO: Estadio Ciutat de Valencia. 22.384 aficionados.

ÁRBITRO: Melero López (comité andaluz). Amonestó, por parte del Levante UD, a Bardhi (22′), Boateng (37′), Coke (61′), Campaña (70′) y Lerma (87′), y del FC Barcelona, a Vermaelen (20′), Busquets (65′), Piqué (90+3′) y Yerri Mina (90+4).

GOLES: 1-0, Boateng (8′). 2-0, Boateng (30′). 2-1, Coutinho (38′). 3-1, Bardhi (46′). 4-1, Boateng (50′). 5-1, Bardhi (56′). 5-2, Coutinho (58′). 5-3, Coutinho (64′). 5-4, Luis Suárez (70′).

 

CARLOS AYATS / LA CRÓNICA

El Levante es el nuevo rey del mundo. Y ya está. Como diría un buen amigo, estoy harto de fingir. No se puede ser más grande que este equipo. Es imposible. Y hay que dejarse de medias tintas. Nada, ahora mismo, resiste la comparación con la gesta con la que el decano valenciano está asombrando al mundo. Nada.

Jugarle de poder a poder al campeón, a un Barça con más de 300 millones (solo en traspasos, añádanle las fichas…) en la delantera, más Rakitic, Jordi Alba, Iniesta, Piqué, Ter Stegen, Busquets y compañía, a un equipo que estaba a 2 jornadas de culminar invicto la Liga… Y ganarle.

Eso es lo que ha hecho el pequeño Levante: asombrar al mundo. Es la guinda a un final de temporada irrepetible, inconmensurable, de una grandeza que solo el paso de los años acertará a dimensionar.

El señor de Silla

Era lo que le faltaba a Paco López para ascender al Olimpo de los entrenadores, mirar a los más grandes de la historia, sonreír, y darles una palmadita en la espalda diciendo: “¿Qué pasa, chavales?”. Porque si existe o ha existido alguien con la capacidad de transformar en unos cuantos días a un equipo anímicamente hundido y deportivamente en picado (no lo olvidemos, el día que López saludó a sus nuevos jugadores, éstos acumulaban 1 victoria en 22 jornadas) en una máquina de ganar y golear capaz de sumar 25 puntos de 30, de vencer en 8 partidos de 10, y de hacerle una manita a este Barça en una hora, yo, desde luego, no lo conozco.

Lo que sí sé es que un señor que vino al mundo en Silla hace medio siglo lo ha conseguido. Y lo ha hecho por atreverse a soñar, venciendo el mayor de los temores del ser humano. López supo ver que tenía entre manos un excelente grupo de futbolistas, y ha logrado el más difícil todavía: que éstos se den cuenta que lo son. El resultado no admite discusión. Beatificación ya.

La rebelión de los niños

En resumen, que llegados a este punto de confianza, López pensó “¿El Barça? Pues a por él también”. Y haciendo honor a su valor, solo comparable a los conocidos atributos de la estatua ecuestre de Espartero, se lanzó a boxear de tú a tú con el Barça. Esto, que todos (y el que diga que no, miente cual bellaco) hubiéramos calificado de auténtico suicidio hasta hace mes y medio, resulta que no lo es. Y que si tienes talento por arrobas, como es el caso, hasta puede acabar en victoria épica.

La histórica manita la rubricaron un hat-trick de Manolito Boateng (que sí, que ahora todos siempre fuimos de Boa; madre mía la zanja que debe estar cavando alguno para hacer la cigüeña) y doblete del chavalín macedonio que de repente se pasó media temporada sin ser titular. 21 y 22 años, respectivamente, y con contrato hasta que lleven a sus hijos al colegio. Hace 15 días (sí, 2 semanas, vamos), había quien pedía públicamente la decapitación de Tito y le decía “A ver si el año que viene haces un equipo mejor…”. Sí, el exilio es buena solución.

En cualquier caso, todo esto empezó en un balón de Campaña a Morales que el Comandante transformó, previa jugada individual para el recuerdo, en una asistencia a Boa que el ghanés enviaba al larguero… botando dentro. Era el 9’, y Messi, en su casa, empezaba a preguntarse si sus compañeros no la irían a liar. Cuando un minuto después, Bardhi envió al travesaño un zurdazo de impresión, el argentino pidió un taxi dirección aeropuerto.

El Barça tenía el balón, pero el peligro era, a la contra, de un Levante letal, donde los niños salieron al patio a jugar con los mayores, y acabaron por dejarlos evidencia. A los 30’, el baby serbio (Sasa, gracias por todo) convirtió un balón muerto a 10 metros de la frontal en una asistencia maravillosa para Manolito (tras deshacerse con dos toques y un pase de 4 zagueros culés) quien, con la sangre fría de los grandes, encaró a Ter Stegen, le regateó, aguantó el impacto de Semedo y resistió de pie para empujar a placer el 2-0. El Templo se venía abajo. El mundo se frotaba los ojos.

Quiso creer el Barça gracias al 2-1 de Coutinho, cuyo disparo tocó en Róber Pier haciendo inútil la estirada de Oier, pero en los mandamientos de pacolopecismo se lee claramente: “Honrarás al gol y al fútbol tras el descanso”, y los Valverde vinieron con la lección sin aprender.

Del 2-1 al 5-1 en 10’, y en 8’ más, 5-4

En 10 minutos, se pasó del 2-1 al 5-1, desatando la locura en el Ciutat y convirtiendo al Levante en objeto de admiración planetaria. Bardhi hizo el tercero sacando su fusil con un precioso golpeo de la frontal tras asistencia de Campaña, que firmó otro gran partido más para su colección.

El el cuarto, Roger, que también estuvo muy bien pese a no ver puerta, peleó con Piqué un balón aéreo fruto de una volea del Maestro, y el esférico le cayó a Luna, que la puso perfecta y de primeras para que Boateng le explicara a Ter Stegen que se había quedado buena noche para sacar balones de la red. El 5-1, obra nuevamente de un Bardhi sacrificado y omnipresente tras asistencia majestuosa de Roger, desató la locura.

Aquello no podía ser. El campeón, humillado por el pequeño Levante, tiró de orgullo, calidad y un arbitraje condescendiente para reaccionar. Un fallo de Róber le regaló el 2º a Coutinho en el 58’; un nuevo rebote, el hat-trick del ex del Liverpool en el 64’; y Busquets, forzando un contacto dentro del área con Boateng, provocó el penalti que pondría el 5-4 en el marcador a falta de 20’ más el descuento. En 8’, el Barça había pasado del 5-1 a estar a un gol de mantener su condición de invicto. El pánico se palpaba en el Ciutat.

El campeón, a nuestros pies

Pero el Levante supo resistir el empuje del campeón, y con carácter, Lerma en el campo, y la Virgen de cara (Luna rozó el autogol en el 81’), acabó llevándose uno de los triunfos más importantes de sus más de 100 años de historia. Y merecidamente.

Poco elegante en la derrota, el hasta anoche invicto Barça acabó dando esa pena/vergüenza ajena que provocan los Piqué, Suárez y compañía cuando se ponen a protestarle al árbitro vea usted a saber qué, y se despidió del Templo hincando la rodilla ante el verdadero rey actual de Liga: el Levante. Lo avalan los números, las sensaciones y la cara de Valverde en sala de prensa.

Encogiéndose de hombros, el técnico culé reconoció la incapacidad del todopoderoso Barça para frenar al ciclón granota, a un Levante cuya historia, dentro de muchos años, contaremos a nuestros más pequeños, la de los Indomables de Paco López, el genio de Silla que cambió la historia del decano valenciano para siempre.

 

 

Imagen: Levante UD