Del manteo a López al abrazo de Morales a Fenollosa: crónica del postpartido más especial

Del manteo a López al abrazo de Morales a Fenollosa: crónica del postpartido más especial

CARLOS AYATS / VALENCIA

Anoche, cuando Melero López señaló el final del partido, la euforia se desató entre el levantinismo. Nadie se movía de su localidad. Toda la afición, en pie, y con sonrisas de oreja a oreja, aplaudía al equipo que había logrado lo que nadie antes en toda la Liga, tumbar al campeón. Pau Ballester, desde la megafonía, comenzó a nombrar uno a uno a los héroes de una plantilla inolvidable, mientras los jugadores, como si de la consecución de un título se tratase, daban una vuelta de honor devolviendo los aplausos y el cariño recibido.

Al final la misma, los focos se posaron en el hacedor del milagro, en un técnico al que la plantilla adora, venera como máximo artífice de una transformación sin precedentes en la centenaria historia del club. Paco López voló por los aires del Templo del Sentimiento del Fútbol Mundial, jaleado por jugadores, aficionados, resto del cuerpo técnico y todo el que pasó por allí.

De ahí, la alegría pasó al vestuario, donde el mal perder del Barcelona contrastaba con la alegría desbordante de un equipo que no dudó en continuar la celebración con la clásica foto cervezas en mano (el paso de Amstel a Heineken fue perspicazmente apreciado por los compañeros de prensa mientras esperábamos la comparecencia de un Valverde que tardó más de media hora en hacer acto de presencia).

Después, tras las palabras de un López que supo estar a la altura y contener la euforia, los jugadores fueron abandonando en la estadio con la felicidad por bandera. Boateng, que se fue disparado a por su balón del hat-trick, no lo soltaba una vez firmado por sus compañeros ni aunque le apuntasen con un arma. Foto aquí, foto allá. Sonrisas por doquier completaban cualquier escena en zona mixta.

Por allí, emocionado, apareció el presidente de honor del club, Paco Fenollosa. Al verlo, Morales se fue directo a abrazarle. «Se lo merece todo. Siempre está con nosotros, en todos los viajes, sonriendo, animándonos», afirmó el Comandante antes de sonrojarse cuando le comenté las palabras de López afirmando que «no es descabellado» pensar que pueda ir a la Selección.

Fue, sin duda, una noche feliz, histórica, y que nadie de los allí presentes olvidaremos jamás. La noche en que el Levante tumbó al campeón invicto con una manita, esa con la que hoy, con los 5 dedos bien abiertos, nos saludamos todos los levantinistas desde primera hora de la mañana.